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A esta muchacha Honduras
descalza
y de luciérnagas
desde
que yo recuerdo
extranjeros
sin escrúpulos
con
caínes del patio
la
han jodido por siempre.
A
punta de arcabuz le quitaron el oro
e
impusieron la iglesia
Opus
Dei de Monseñor Rodríguez.
Luego
inyectaron las lágrimas
y
el sudor del campeño
al
banano que como exótico fruto
se
degustan los gringos en sus rascacielos
mientras
hacen las armas
que
venden a los pueblos del mundo
que
empujan a pelear.
Ni
el Aguán ni el Ulúa han podido lavar
esa
historia que duele.
Después
prostituyeron a los débiles
les
pusieron corbata, los hicieron políticos
y
de verde vistieron a los perros armados
a
los perros de casa.
Se
llenaron la boca en toda plaza pública
desgranando
como uva a Morazán.
Ellos
lo asesinaron
como
quieren matar a su hermano gemelo: Mel Zelaya.
Les
duele que se siente a la mesa
con
los pobres de Honduras
que
cante con ellos sus más profundas penas en los foros del mundo
que
destape las asquientas ganancias petroleras,
el
trafico de influencias y otras vainas que como árabes hacen.
Se
murieron de espanto
con
el salario justo
que
decretó a los trabajadores.
Urdieron
la noche larga
para
esta imberbe patria
compraron
a los de siempre
los
bendijo San Rodríguez
les
puso bota Romeo
les
habló en otro idioma Ferrari
los
turquitos les pagaron
y
Michelletti es el circo.
Lo
que se les olvidó
es
que aquí nadie se rinde
ni
hace pacto contra el pueblo
que
no se nos quita el sueño de una Honduras mejor
que
si hay una cosa cierta
es
el rumbo que llevamos
que
no importa el enemigo
si
son grupos de poder
si
hay de adentro y hay de afuera
si
se asocian como siempre
para
joder otra vez
otro
pueblo de esta América.
Si
tuviéramos petróleo bajo tierra
Don
Barack, como a Sadán al gorila
hace
días encuevado lo tuviera
Esto
es de vida o de muerte:
HAY
QUE RESTITUIR A MEL Y HACER
LA CONSTITUYENTE.
Ese
es el gran boulevar que traerá felicidad.
La
coalición de la fuerza de toda la resistencia popular
camiseada
como arma
la
lleva el digno hondureño
para
hacer un nuevo día
a
la puerta de los pobres.
Esto
es de vida o de muerte.
Ricardo René Oseguera
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